Niño que no conozco,
mi casa no cae a pedazos. Mis vecinos no corren entre bombas.
A veces siento culpa.
Y entonces te pienso:
tus ojos, tus manos, tus pasos sobre un suelo que no ofrece tregua.
Te nombro, porque nombrarte es existir contigo, aunque sea desde la distancia.
Quisiera que mis palabras fueran un refugio…
aunque solo puedan ser viento que te roce un instante.
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