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miércoles, noviembre 11, 2009

En el centro de las montañas


La luz… el bloque de luz que viajaba siempre sin rumbo y a toda velocidad, pero inevitablemente unida, fue atraída por una energía inexplicable hacia el centro de la tierra, hacia el centro donde nacen todas las montañas y entonces las montañas fueron habitadas todas por estos seres azules que jamás entendieron la regla humana de que un pie detrás de un pie es la única forma de caminar. Todo ellos seres que vivieron hasta ese instante protegidos por la energía de una misma luz, que nacieron en la tierra sin la protección que caracteriza s los humanos, seres sin el concepto de causa-efecto, ni risas después de risas humanas, ni abrazos después de tristezas humanas, ni presencias después de xigencias, ni ausencias después de ofensas. Seres azules y con una capacidad de sociabilizar casi inexistente. Y fueron todas las montañas en su centro un lugar seguro para sobrevivir, crearon ahí un mundo inaccesible mimetizado entre la simpleza de los paisajes. Pero como luz que eran, las filtraciones hacia la tierra los fueron absorbiendo de a poco del centro seguro hacia la superficie y como luz que eran se transformaron es diminutas partículas que con la fuerza de los vientos terminaron dispersas en un mundo que por la cantidad de multitudes se hizo inmenso… descomunal. Fragmentos de luz que tomaron por necesidad la forma humana y quedaron perdidos en un espacio de preguntas sin respuestas. Pero al venir todos de la misma luz conservaron todos, una estructura genética idéntica y conservaron todos, una energía que tenía en todos ellos, la misma fuerza y el mismo color.
Un mundo entero dentro de las montañas se iba deteriorando en respuesta a los hijos azules que fueron desapareciendo por esas filtraciones-diminutos agujeros. Y ahí afuera fueron creciendo almas solitarias y catalogadas como humanos subnormales, con una certeza incrustada en el alma de que no querían permanecer entre los vivos. Pero no hay mares ni universos que anulen la energía natural de las cosas que deben permanecer juntas y fueron surgiendo pequeñas señales que dibujaban el camino hacia un reencuentro. Las distancias entre ellos eran, sin embargo, muy grandes y entonces el cosmos puso en la vida de estos seres otros seres más evolucionados espiritualmente, seres que se ponían al frente de los seres azules en forma de luz azul-violeta, seres que se transformaron en puertas, seres que generaban paz y seguridad en sus voces y en sus miradas hacia la nada. Y fueron estos seres azules-violetas los que con un movimiento de ojos bajaron las murallas de protección inmensas que levantaron los seres azules con la intensión de sobrevivir en esta tierra. Y esa luz iluminó las grises y frías guaridas… y esa luz dibujó los caminos exactos hacia el reencuentro.
Pasa muy de vez en cuando, pero cuando pasa todo se transforma en instantes repletos de magia, los reencuentros no respetan límites de espacio y de tiempo… y cuando pase sin distancias, estos seres volverán a respirar después de un abrazo… de transformarán en un humo azul y volverán a justar sus partículas para re-construir esa luz en la que nacieron en el principio de todo y que deben permanecer hasta el final.
Yo encontré una puerta que irradia una luz azul-violeta que me devuelve la fe cuando las batallas amenazan con terminar conmigo. Una luz que me llena de una fuerza que jamás pensé tener.