
Exactamente 6 meses después del primer diagnóstico de meningitis los síntomas volvieron, tenía fiebre elevadísima difícil de controlar, se me hacía imposible pensar en una segunda meningitis así que intenté controlar todo yo. Cinco días después el volvía al hospital, la historia se repetía. Le hicieron todos los análisis y de entrada descartaron una meningitis. El nació con una mancha roja en la parte baja de la espalda, pero no era solo una mancha, tenía un pelito en el centro. Lo internaron el Lunes siguiente con un diagnóstico de Sindrome febril desconocido, la punción lumbar fue de rutina y ahi, en ese instante, mientras pinchaban su espaldita para descartar la temida meningitis, por esa mancha roja, por el pelito ese, salió pus, entonces relacionaron todo, tenía meningitis bacteriana, tenía la bateria E. Coli y la manchita era la conexión, entonces surgió la necesidad de una cirugía. Pasaron tres semanas intentando controlar la fiebre, la hemoglobina y la velocidad de coagulación para poder operarlo, ellos no creían que tanta fiebre podía ser causada por un aparente seno dérmico de tan diminutas dimensiones.
Después de todos los análisis y de todos los exámenes existentes no encontraron otra posible causa de fiebre, ahi entré yo, pedí que lo operen a la brevedad posible, mi sexto sentido de mamá me decía que estábamos al límite, era miércoles y decidimos programar la cirugía para el Viernes. El neurocirujano me habló de una cirugía de una hora y relativamente simple. Mientras entraba al quirófano lloraba por no despegarse de mi, fue durísimo dejarlo en manos de quien hasta entonces eran desconocidos para mi hijo, eran las 4: 15 de la tarde y ahi lo dejé.
Una hora después salió ella y me dijo que habían encontrado el seno, que era grande y que esas eran buenas noticias, entonces me senté ahi afuera esperando que mi niño salga. Cuatro horas más tarde volvió a salir ella pero esta vez con una inmensa angustia en la mirada, mientras se acercaba a darme la noticia pensé en lo peor y llegaron a mi mente, a mil por hora todas las imágenes de mi hijo, sus llantos, sus risas, sus primeras palabras, sus juguetes, su cuna, sus manos... su mirada. Y fue cuando me explicó que encontraron un tumor embrionario intramedular, que tenían que limpiar todo, que había mucha pus dentro, que existía la posibilidad de que Matías no vuelva a caminar y que no vuelva a controlar esfínteres... recuerdo que sentí como todo mi cuerpo se incendiaba por dentro , y yo, estúpidamente le decía a ella que no, que tenían que solucionar eso, que Matías tenía por primera vez unos tenis con luces que solo funcionaban si el caminaba, que a él le encantaban, que tenía que caminar, pero ella decía que todo era incierto, que teníamos que esperar... y a mi solo se me ocurrió rezar con toda mi alma, pedirle a Dios ilumine a los médicos, que le de fuerzas a mi hijo... y al final recuerdo haberle dicho "si no va a volver a caminar solo te pido fuerzas para aceptar las cosas así y para ayudar a mi hijo a tener una vida normal"... pasó tal vez una hora más y me llamaron a ver a Matías a la sala de recuperación.
Ahi estaba él, dormido, con horribles marcas en su cuerpo por las cinco horas que había pasado en el quirófano, con oxígeno, con los ojos hinchados, con electrodos, conectado a unas máquinas que monitoreaban su frecuencia cardiaca y otras cosas que yo no entiendo, con 39 de temperatura... pero ahi estaba mi bebe, vivo y luchando por salir de ahí. Salió, despertó de la anestesia llorando y milagrosamente movía los pies. Los médicos estaban tan sorprendidos como yo, no daban crédito a lo que veían, al día siguiente mi hijo estaba contento, tomando leche, moviéndose más que nunca....
Han pasado exactamente dos semanas desde la cirugía, quedó con una herida en la esplada de 25 puntos, pero el nunca se quejó por la herida, dicen ellos que el dolor que sentía mi hijo antes de la cirugía era superior a cualquier dolor que podía ocasionarle la herida. Mi bebe es un niño fuerte y terriblemente valiente, es un luchador que ha ganado una inmensa batalla, es un ganador.
Hoy lo llevé al café, estaba lloviendo pero lo llevé de todas maneras, quería que sienta la lluvia en su piel. Lo llevé con la chamarra que tiene el cierre rojo que tanto le gusta y lo llevé con sus tenis con luces... y sí, las luces se encendieron no solo para iluminar el piso... si no para iluminar toda mi vida. Todavía no camina solo, pero camina sosteniéndose de mi y estoy segura que pronto dará sus primeros pasos solo
No pensé jamás pasar por una angustía tan grande en toda mi vida, pero el equilibrio existe tanto que estoy segura que jamás conoceré mayor alegría que la que siento hoy.
Fue un milagro y a mi me sostuvo mi fe y el infinito amor que siento por este niño.
Gracias a quienes siguieron todo de cerca y a quienes enviaron tantas buenas energías, gracias a quienes fueron parte de mi fuerza y a quienes tomaron tanto café conmigo, gracias a quienes se quedaron inmóviles junto a mi en esas horas de espera en la puerta del quirófano, a quienes rezaron por mi hijo, gracias a ti que me guiaste en este camino de fé. Gracias a la vida por haber sido tan perfecta al final de todo, gracias a ti Dios por haber sostenido mi alma y mi vida y por haber salvado la vida de mi hijo...
Gracias a todos por todo.