sábado, mayo 25, 2024

Cuando no tenía cuerpo.

Puedo sentir todo cuando camino, siento mis pies en el asfalto o en las piedras como si no tuviera zapatos, pero yo siempre tengo zapatos porque me da mucho miedo la mugre.

Otros días puedo sentir otras partes, como si las partes de mi cuerpo decidieran manifestarse solas, sin consulta. A veces despierto y siento mis brazos, mis manos, mis codos, mis dedos, puedo sentir todo eso todo el tiempo.

Digamos, enciendo un cigarro y siento en orden, mi hombro, mi codo, mi mano, mis dedos, una vez, otra vez, miles de veces. Una cajetilla enterita. 

Los días más difíciles son cuando siento mi ojo y mi oído derecho. Mi ojo tiembla, no quiere mirar, se hace al que no ve nada, se cierra a la fuerza y yo tengo que estar abriendolo a la fuerza también. Entonces me pongo un parche para que no se quiera cerrar y así paso el día, ciega de un ojo y explicándole al mundo que no me he caído y que nadie me ha golpeado. Mi oído  es más huevada porque ese no elige cuando, ese es así todo el día, sin ningún filtro para lo que suena afuera, mi oído no discrimina, directo colapsa. Es como cuando te toca estar al lado de un parlante en un concierto, una huevada pues, sobre todo si el ruido llega de sorpresa. Imaginate la licuadora o los platos que chocan unos con otros. O la bocinas del camión del gas. Todo suena tanto y va tan tan profundo en mi. Tan profundo que a veces solo recuerdo el día por el bocinazo del camión del gas o del camión que lleva plata, mucha plata. 

Lo que más recuerdo de mi niñez en este tiempo, es que vivía sin sentir nada, como si no tuviera cuerpo, Nunca me dolía nada, nunca tenía hambre ni sed ni sueño ni flojera ni calor ni frio, solo vivía, tenía toda mi energia intacta para mirar las cosas que hoy ya casi no miro. 

jueves, mayo 23, 2024

Desde ella

Realmente he dejado de pensar en la muerte como salida  hace muchos años. Creo que desde que la conozco, pero no así tan románticamente, si no más bien como algo enorme, un manto, algo que cubre todo. Mi vida ha dejado de ser difícil desde ella. Yo no sabia eso de navegar en aguas tranquilas. No sabía que tanta ternura era posible. 

Porque para que siga este amor he tenido que aprender un montón de cosas hermosas, he tenido que poder hacer las cosas de manera consciente. Darme cuenta, esa es la cosa, darse cuenta.  Ahora sé escucharla, la miro, intento adivinar lo que siente cuando me habla,  pienso en lo que está mirando mientras me cuenta... Igual con mis hijos, los miro cuando me hablan, intento saber, intento entender qué necesitan escuchar de mi. Intento decirles. He aprendido la ternura de ella. 

Desde ella. Desde esa vez.  

Ahora sé  frenar en el momento exacto, en fracciones de segundo puedo decidir qué decir. En esas fracciones de segundo yo puedo viajar en el tiempo, mirar de cerca las consecuencias de mis palabras y puedo volver y decir algo de la forma más cuidada y considerada. Porque jamás quiero herirla. 

Desde ese día que escribí "ven" y ella apareció detrás de mi. 

No pienso más en la muerte como en mi única salida, más bien intento ponerla al final de todo, como debe ser, ahora me gusta más estar viva, me gustan los resultados de los hijos que he criado, me gusta ver el reflejo del trabajo que le he puesto a la Rayuela, me emociona que siempre que llego a algún lugar, uno de mis perros me espera, salta, se emociona, me gusta besar y abrazar a mis perros. Me gusta encontrar a mi gato mirándome de lejos y a mi mariposa esperando que deje mi pierna quieta para descansar un rato. 

Desde esa noche que me dijo, yo te acompaño. 

Ya no me dan miedo los tramites, ya se cómo entrar a los lugares, siempre la imagino conmigo, eso sí, y entro no más, como una persona normal, preguntando, donde pago? Donde recojo? Tampoco me dan miedo los peluqueros ni los resultados, voy no más, me corto igualito que Kurt, aunque nadie lo ha notado aún, por suerte, pero no me da miedo, a veces un poco de preocupación, pero porque a mi todo me preocupa, aunque nada tenga nada que ver conmigo. 

Desde ese día: Toma, te regalo mi libro. 

Su libro, que mamá no nos vea, así se llama, que mamá no nos vea, sabía ella que íbamos a amarnos con la locura de los adolescentes? Sabía que teníamos que decirles a nuestras mamás? Que mamá no nos vea.  Su mamá no alcanzo a vernos, se fue antes por culpa de una embolia. Más bien no sabía nada de nosotras, porque entonces podríamos haber sido responsables de la embolia.  Mi mamá supo rapidito, busque muchas formas de explicarle que estaba enamorada de una mujer, pero esa era una apuesta perdida. Ella se iba a enojar y yo le estaba da dobla mejor de las razones. 

Dicienbre 2014. Me puedo quedar contigo? 

Si, quedate por favor. Así fue, se quedó conmigo para siempre. 10 años. 10 años que para mi, son para siempre. 











sábado, mayo 18, 2024

Por eso el silencio

Me da miedo el silencio, porque el silencio nunca es silencio, más bien desata el ruido, desata la voz del que me dice que siempre va a ser todo difícil. Que siempre voy a escuchar todo. Que mi cuerpo va a sentir todo así para siempre. 

Pero tengo hijos... 

Por eso sigo así, atrapada en un cuerpo casi muerto, un cuerpo que apenas se levanta se quiebra y estalla como un ventanal ante el golpe furioso de un adoquin. El ruido es aterrador. El ruido de cada pedazo de vidrio golpeando el suelo, cortando el aire por donde pasa.

Son un ancla los hijos. 

La cura no puede ser el silencio, tiene que existir otra manera, no puede ser que para seguir viva tenga que morirme tantas veces. 

Sus voces de niños son mi salvación. 

Pienso en el silencio. Lo nombro. De pronto está aquí, me envuelve como una medusa enojada, pasa sus tentáculos por mi garganta, apenas respiro, siento el fuego en mi pecho. Mi cuerpo late, como si todo fuera solamente mi corazón, latiendo acelerado, desesperado, miedoso, late mi cerebro. 

Escucho los latidos. Pum pum, pum pum. Sus corazones latiendo por primera vez en ese fondo oscuro. 

Pienso en mi madre, recuerdo el tono de su voz, siempre enojada o triste o las dos cosas. Escucho cómo mi sangre, pasa furiosa por mis venas, con la furia de mi madre, un río descontrolado empujando para pasar. Sacando todo de su camino. 

Más bien los dos fueron cesárea. Ninguno me partió por la mitad ni me empujó por dentro. 

Siempre estoy pensando en ella, cada vez que el silencio aparece, yo pienso en ella, ya no me pregunto por qué. Será que la vuelvo a ver? Cómo será si la veo? No será que está mejor así lejos? Acordate cómo es cuando está cerca, acordate del abismo en su mirada. Me acuerdo. Me hundo en el abismo. 

Por suerte mis hijos aman que los mire, no se preguntan cosas. Saben. 

Por eso no me gusta el silencio, porque el silencio no existe realmente, cuando se apaga el ruido de afuera, se enciende el otro ruido, el que solo escucho yo. 








miércoles, mayo 15, 2024

Volver

Estoy en alguno de esos tantos inicios. Vuelvo a recordar con mucha claridad lugares a los que nunca he ido, veo la luz y sé el momento exacto. El olor de la leña, el sonido del maíz cuando se muele, el olor del maíz cuando se tuesta. El sabor del maiz en la sopa, hace calor, la sopa es sólo parte de las cosas que pasaban porque tenían que pasar. 

La luz del medio día

De pronto el patio con tierra porque la higuera no deja que pase el sol, pero más allá hay pasto que muy pronto es rio. El río que baja de derecha a izquierda, el río transparente lleno de piedras redondas y verdes. La rama más larga, la que llega hasta el río, tiene un plástico rojo amarrado o capaz una banderita de algún carnaval. El sol está naranja y le da con todo al plástico rojo, el rojo más rojo que existe,el rojo más rojo que nunca en su vida. 

La luz del atardecer.  

Siento el olor de la lluvia en las hojas de todos los arbustos que me rodean. Escucho cómo hablan los pajaritos, las zigarras, las moscas, los renacuajos.  El olor de ese poco de tierra, ahora mojada, escucho el golpecito que hacen las gotas en las aguas del río. Siento el olor del carbón apagado con la lluvia, el sonido del viento. Las calaminas. El olor de la leña nueva allá adentro. El sonido del frío. El olor de la noche. 

La noche

Pero yo nunca he estado ahí. 

Esa higuera no es mía y ese río no lo he escuchado nunca, ese plástico tan rojo solo existe en mi memoria. 

Recuerdo un montón de cosas que jamás he vivido. 


martes, mayo 14, 2024

Constelación

Esta vez voy sin miedo, ya sé cómo es, ya sé todo lo que pasa, voy con esperanza, voy acompañada. 

Un pajarito me habla, no entiendo que me dice, pero insiste, se para en el techo justo encima de mi, que será lo que me dice... 

Eso me jode, no poder silbar, no sé cómo más una se comunica con los pajaritos, mi abuelo sabía y me enseñó, vos les silbas y ellos responden. A mi me miran de frente, se paran frente a mi, giran su cabeza y me silbam, sin miedo, más bien con curiosidad.

A veces me recuerdo soñando con una casa gigante, en un auto de esos que obligan a la gente a mirar, intento recordar porqué ese era mi sueño, pero no recuerdo nada, cuando voy tan atrás en el tiempo, apenas recuerdo la sensación general de no entender nada y la dicha absoluta qué sentí cuando aprendí a silbar.

Hoy no puedo. 

Recuerdo la muerte, mi chompa guinda con azul, tan horrible, grande y fea y yo no me la sacaba nunca, solo para el entierro. Porque ese día me pidieron que me ponga un traje lila horrendo, triste, casi elegante, para qué, para pararme al borde del hueco ese donde metieron a mi abuela, recuerdo el vertigo de ese hueco, el vértigo que quiso quedarse conmigo para siempre. Y el silbido de los pajaritos. Eso recuerdo. 

El vértigo de la muerte. 

De las cosas que se lleva el tiempo, de lo que no vuelve, ni por un segundo, nada, su mano, sus dulces azucarados, su palabra para mi, mi chijla, mi abuela que me defendía siempre de ella, si, de la que no quiso quererme. Mi abuela que fumaba y llenaba geniogramas con el larousse al lado. Matando moscas en su cabeza y en la mía. 

No va a volver, nadie podría salir jamás de ese hueco, tan profundo, de ese cajón, tan cerrado.  De esa tierra, tan pesada, tan oscura, tan fría. 

El vértigo de lo que no vuelve, como el silbido no respondido de un pajaro que quiere hablar conmigo y se va sin mirar atrás, porque sabe que el tiempo no vuelve. 




domingo, mayo 12, 2024

Domingo. El día silencio

Es domingo, el día asilo, el día estacion, el día puerto, el día muelle, el día playa, el día ensenada

Empecé a conducir y decidí fumar un porro. El día abrigo. Un porro de día, con la luz del sol en mi cara, el sol qué me juzga y que los deja mirarme. El día abrazo. Un espacio bajo la sombra de un gran árbol. Mi mesa verde, la buganvilia, mi taza de café. El día amparo. 

No han llegado aún los que me acompañan, puedo fumar, un cigarro detrás de otro, sin culpa por el humo que inevitablemente exhalo. El día refugio. Termino mi cajetilla y me da vergüenza conmigo abrir otra, pero recuerdo. El día memoria. Recuerdo que soy experta en sobrepasar la vergüenza y hacer lo que quiero. Espero un poco, mi cigarro todavía no se ha terminado, tampoco mi café, ni han llegado los que me acompañan. El día tregua. Mejor me apuro, fumo rápido, una billa profunda, antes de que lleguen, sobrepaso la vergüenza, abro la otra cajetilla, pido otro café. El día respiro

Eso si, en la misma taza. El día parada. 

El día pausa. 


viernes, mayo 03, 2024

Nada

No todas las cosas que pasan, pasan por algo, no hay un aprendizaje en todo, no todo tiene un buen lado.

Qué de bueno puede haber?

Me quedo despierta pensando: qué cosa buena ha venido a mi vida con la parálisis? 

Nada. 

Me despierto en el momento más oscuro de la noche, algo me atraviesa y me deja la sensación de haber sido partida por la mitad. 

Volveré a ser una? 

Volveré algún día a sonreír? 

Nunca me ha gustado mucho la luz del sol, siempre tan brillante y tan torpe, pero ahora no me gusta ninguna luz, la del sol por brillante... pero la luz artificial, esa que me expone a sus consejos, esa que los lleva a preguntarme: ¿qué ha pasado? ¿Hace cuanto tiempo estas así?, esa luz la odio, no me incomoda, me expone y la odio. 

Afuera esta todo tan oscuro (saldría a caminar si no fuera por el frío que hace), debo ser silenciosa, no quiero despertarla, después mañana se despierta enojada y no estoy para enojos ajenos, apenas puedo con los míos. Deben ser las 4, no falta mucho para que se despierte, se despierta todos los días a las 6.

Me ducho, si, a las 4 de la mañana, porque pienso que el agua caliente de la ducha puede hacer más llevadera esta espera, pero el tiempo está detenido, salgo de la ducha y son las 4 20. Fumo un porro, una billa, al final me lo fumo todo, error, el porro hace que el tiempo pase más lento aun, ni modo. 

Tomo agua, pero mi cuerpo no quiere agua, entonces vómito todo, el agua y todo, voy a la cama en silencio, pero no puedo ser silenciosa, finalmente la despierto y me abraza, su abrazo siempre es el lugar más lindo y más seguro para mi, pero ahora me asfixia, necesito moverme y estoy atrapada en el abrazo más dulce. Me quedo quieta, un minuto, 10, 40. Listo, salió el sol. 

Y no, no hay nada bueno en esto, no ha llegado nada bueno a mi vida con la parálisis. Nada bueno para mi. 

Pero si, algo bueno para los que están conmigo, he dejado claro que soy una persona paciente, ya no necesito demostrarlo, soy super paciente, qué bien que ahora lo sepan., ojalá dejen de decirme que debo aprender a ser paciente. Ojalá dejen de decirme... 

Mi ojo derecho casi no ve, y mi oído escucha todo sin filtros, pasa el camión del gas con ese ruido mortal, me pierdo un segundo... acabo de tirar las cenizas de mi cigarro en mi café, más bien ya quedaba poco. 

Y el día apenas empieza. 










jueves, mayo 02, 2024

Camilo corazón

Vero, soy Camilo, yo sé hacer pan y me gusta el café, puedo trabajar contigo?

Vero, quiero sentarme aquí contigo, fumemos cigarritos, tomemos cafecitos, me cuesta mucho la vida, es muy dificil, vero, no entiendo nada. No me dejes solo, vero, dejame sentarme aquí contigo, quieres leer mis poemas? Quieres acompañarme a la U? 

Así conocí al Camilo, un hombre hermoso con cara de niño,  un poco calvo a sus veintitantos años, con sus zapatos y su morral de cuero, tan bonito todo en el, impecable siempre, con su jean tan lindo, tan limpiecito, su camisa a cuadros, tan elegante y su cara hermosa de niño triste.

Las huellas de sus lágrimas, las podía ver sin esforzarme, sólo yo veía esas huellas, decía el Cami, sólo yo sabía exactamente eso que el sentía. El sabia que yo sabía. El quería quedarse cerca de mi, así estaba seguro, protegido, defendido. 

A él no le ponía ninguna cara cuando el quería contarme, a él si me gustaba escucharlo, el buscaba, a su edad, eso que yo ya había descifrado -somos personas tristes, Cami, no vamos a poder vivir sin esta tristeza que nos hace, finalmente, quienes somos. Así no más es Cami, pintamos la tristeza, escribimos la tristeza, hablamos tristeza, bebemos tristeza y vomitamos sangre Cami, porque la tristeza es así, es un fuego que nos quema por dentro Cami, no es una enfermedad, no existe un tratamiento, la tristeza nos rompe por dentro y por eso Cami, por eso es difícil, porque la sangre es dolorosa, y ni tu ni yo, podemos nombrar el dolor. 

(El cami no resistió a la vida y se fue de este mundo un domingo en la madrugada, el domingo 15 de marzo del 2020, en la madrugada)

Yo bajaba de la feria de El Alto, habíamos ido a comprar unas banquitas para pintarlas y venderlas, por si la pandemia no nos dejaba más formas de sobrevivir. Me crucé con el Adrián, amigo del Cami, en el mismo lugar donde vi al Cami por última vez, vi que el Adriáncito tenía los ojos rojos y pensé "qué lindo domingo va a tener este chico", pero despues, en mi casa, vi la foto del Cami en fb, una foto sin colores, una foto donde la cara del Cami salia desenfocada y se veían, delante de él, unas ramitas nítidas, una foto hermosa, ese domingo, el domingo más triste, vi la foto que decía que el Cami se había muerto, el mundo entero se detuvo, pero no el ruido, nada se movía, ni las hojas de los árboles, pero si podía escuchar cómo el viento arremetia contra todas las hojas de todos los árboles del mundo. Después todo volvió a moverse, lento, de a poco, pero no era el mismo mundo, no era ese lugar en el que yo estaba cuando vi la foto, este era diferente, era más triste, más desesperado, era un mundo donde solo podía sentir lo irreversible de las cosas, un lugar del que nunca más pude salir. 

Pensé en su morral de cuero, pensé en su carita hermosa de niño triste, en sus zapatos, en su Jean impecable, en su camisa hermosa, en sus hermanos, en su mamá, en su papá... quise abrazarlo, quise que por dios fuera sábado otra vez, que deje de ser domingo, quise viajar en el tiempo y detenerlo, abrazarlo, sacarlo de ahí, traerlo conmigo, guardarlo en mi abrazo, cuidarlo para siempre de ese dolor del que no podiamos hablar, ni el Cami ni yo. 

Pero dios no existe y el tiempo jamas, jamás va hacia atrás, esa es la condena, el tiempo solo va hacia adelante. 

No pude Cami, no pude viajar hacia tu desesperación, no me di cuenta, Cami. Perdón. 

Compré pasajes a Sucre, al menos iba a despedirme de tu cuerpo, amado Cami, al menos iba a llevarte flores, mi corazón, pero la pandemia Cami,  cancelaron los vuelos, papito, nos encerraron en nuestras casas,  y no pude ir a despedirme de ti, no pude llevarte flores, no pude abrazar a tus hermanos ni a tus papás. 

No pude nada Cami, más que una promesa, la promesa de nombrarte hasta mi último aliento. 

Porque me dijo mi papá esa vez, sólo muere quien se olvida y no Cami, yo no voy a dejar que te mueras dos veces, yo llevo tu nombre en mis labios. 

Todos los días, Cami. 

Para siempre, Cami. 











El abismo

Bueno,  si quieres saber, yo te voy a contar cómo es.

Cuando mi abuela murió, murió a las 4 de la tarde de un día normal. La velaban en mi casa, en el living de mi casa, yo solo me animé a mirarla por la ventana, yo no quería que se muera pero tampoco quería verla así, amarilla, flaca, enferma.

Siempre todo fue contradictorio en mi vida, no quería que se muera pero quería que deje de estar viva. 

La cosa es que se murió y yo me fui a dormir con esa noticia en mi mente, pero esa información desapareció mientras dormía, y cuando desperté lo supe, mi abuela ya no estaba, ya no iba a estar nunca más, lo supe ese instante y entonces conocí el abismo por primera vez.

Primero senti mi pecho caliente, me paré para tomar agua, vi como el piso desapareció debajo de mis pies, nada me sostenía, empecé un viaje violento hacia el centro de la tierra, caía una y otra vez, sin tregua, sólo caía en un agujero oscuro y frío. Corri al espejo para mirarme, estaba ahí, mi cuerpo estaba ahí, en el reflejo, pero yo no, era mi cuerpo de 12 años, pero no era yo, yo estaba cayendo y recuerdo con exactitud el ruido de esa caída, igualito que cuando te lanzas en paracaídas y escuchas el viento violento en tu cara. Igualito

Esa fue la primera vez,  la primera de un montón de veces. Con los años he aprendido a sostenerme de algo mientras caigo, pero caigo de todas maneras 

Caigo siempre profundo, siempre violento y no, aun no llego al fondo, el fondo no existe, es infinito, igual que la caída. 




miércoles, mayo 01, 2024

Entre las sombras

Quiere forzarme a lo que no puedo. 

No tiene sentido, no entiendo,. 

Por qué eres así?

Por qué respondes así?

Por qué no te decides?

Por qué no entras y preguntas?

La luz? La luz no tiene nada!


Es que me van a mirar, me van a ver,

No quiero que me miren. 

Al menos, cuando estoy con ella, me cubro en su sombra, camuflo mi imagen con su voz, solo ella responde, solo ella pregunta.

Yo escucho

Yo voy entre un movimiento suyo y el siguiente.  Aprendo de a poco a predecir hacia donde va a dar el siguiente paso. Ella empieza a darlo, yo ya estoy ahí, detrás de su sombra. Segura, sin la luz en mi cara, en mi cara desarmoniosa, mi cara que cierra un ojo y sonríe sin querer, mi cara que asusta niños si la foto fue tomada en un momento sin cuidado. 

No quisiera volver nunca a la luz, a las preguntas, a los pronósticos y a los tratamientos. 

Has probado con caca de chancho?

Has intentado quitarle la casa a un hornero? 

Te has puesto romero? 

Era que te pongas. 

Era que vayas con el otro médico. 

Era que te pongas caca fresca de bebé , ahora ya no va a funiconar, era al principio

Ahora es tarde

Prefiero no escucharlos más, pero si me miran, me hablan y si me hablan, yo los escucho. 

Qué no me miren entonces, que la miren a ella, tan linda, tan armoniosa, tan dulce, tan jamás enojada, tan buena ella. 

Qué la miren a ella. 

Qué le pregunten a ella. 

Que la saluden y que salude ella. 

Yo no quiero saludar, mis palabras todavía salen chuecas, todavía digo la S con un silbido extraño, como si tuviera una fuga de aire en algún lugar, igual la F. 

Tal vez nunca más pueda decirlas bien.Tal vez decida dejar pronunciar algunas palabras 

Ojalá desaparecieran esas  letras, la S, y la F, al menos. 

Ya no podría decir foco, entonces el foco ya no existiría y sin foco, no hay luz y sin luz, dejarían de mirarme. 

Pienso en un mundo donde yo quiera existir y todavía no he logrado imaginar ninguno más que este, este en el que existo solo entre las sombras. 










Think out loud

Pienso con volumen. 

Nunca supe como describirlo realmente, no es que digo lo que pienso, no es que no me importan los que escuchen, es que pienso con volumen. 

Eso es todo. 

A que me ha llevado eso? 

Al abismo, por supuesto, a la gente enojada porque me pidieron una opinión y yo la pensé, pero la pensé con volumen, entonces me escucharon. 

Mejor no me preguntes, es lo que les digo siempre. No me preguntes porque mis pensamientos son concretos y no sé cómo frenarlos. 

- Cómo me queda ese Jean? 

-  mal

Listo, la furia para mi. 

- Quieres prestarme plata? 

- No, la verdad no quiero porque luego tengo que pedirte que me pagues y no me gusta pedir. 

Otro enojo a mi favor. 

- Qué tal mi café? 

- prefiero tomar agua con sabor a nada

Y así, voy sumando enojos, que se transforman en distancias y entonces el abismo viene a buscarme.

El abismo... 

Por eso el vértigo. 

Por el abismo.