viernes, junio 28, 2024

Has probado cerrando los ojos?

El día que nos conocimos

Los  primeros nueve días se apagaron todas mi urgencias, la foto, los dibujos, las letras, las palabras, sentí que estaba a punto de perderlo todo, todo lo que soy, el caos que soy, que he sido siempre. 

Día 10

Después llegaron 3 días de descanso, qué descanso habrá sido ese, mis manos, las palabras, mis ojos, todo alerta, todo haciendo algo. Todo el tiempo, algo de mi, haciendo algo. 

miércoles, junio 19, 2024

Mi única fuerza es resistir

Lo que me jode desde el primer día es el engaño, dice que me miente porque le da miedo que me enoje, pero en realidad sólo llego a enojarme cuando me doy cuenta que quiere engañarme, porque sólo en medio de ese enojo ella realmente me dice lo que quería decirme desde el principio. 

Podríamos hacer el camino más corto

Para mi todo sería más fácil de frente, sin secretos ni letras chicas, pero en 10 años, aún no lo consigo.

Por qué me tiene miedo?

Básicamente porque cuando ella piensa en cómo voy a reaccionar, decide pensarme furiosa, decide pensar lo peor de mi. Estoy segura que hasta imagina gestos que jamás he tenido y despues, eso que ella imagina se hace recuerdo de algo que no ha pasado

O... 

Quizas porque ella reaccionaría enojada, quizás ella decide ver en mi la reacción que tendría ella. 

Le he explicado, así igualito, le he mostrado cómo ella decide pensar lo peor de mi, se ha dado cuenta, me ha dicho que va a trabajar en cambiar eso, pero 10 años despues, todavía no pasa. 

Por qué no me voy?  Porque la amo y porque decido tener esperanza, pero...  No esperan eso también las mujeres que viven violencia? No esperan que un día el hombre que las golpea decida cambiar?. A punta de esperanza, eso sí, porque ellos no cambian, la violencia solo escala y después, esas mismas qué esperaron, terminan asfixiadas o quemadas o como sea, terminan muertas. 

Pero ella no me va a matar ni me va pegar nunca, solo va a decidir pensar siempre lo peor de mi, excluyendome de casi todos sus planes. 

Puedo aguantar? De poder puedo, vengo de una madre que vivió culpandome por existir toda mi vida, mis hermanos cerca, yo siempre lejos, mis hermanos jugando, yo lavando mis calcetines manchados con el ladrillo de las canchas de tenis, mis hermanos comiendo mucho porque son hombres, yo comiendo poco porque estoy gorda. 

y aquí sigo

He sido creada para resistir. Así que si ves alguna fuerza o ejemplo de superación en mí, no te  equivoques, mi única fuerza es aguantar




martes, junio 18, 2024

CaRaFa

Hoy pensé en ti. 

Viniste a mi mientras subía al aeropuerto, como si hubieras estado ahí, cerca de mi, como están nuestras ansestras, siempre cerca. 

Ella manejaba y no hizo lo que le dije, no se fue al carril que le dije y sentí rabia, pero antes de darle espacio a esa rabia, pensé en mi mamá ofreciéndome su mano para llevarme a un bosque oscuro, vi su mano (la sé de memoria), sentí miedo pero no caí en ningún abismo.  

La rabia siempre es un abismo

Me saqué de ahí yo misma, pero con tus palabras, gracias a tus palabras. 

Cambié mis pensamientos y pude sostener mi alma, pude recuperarla y traerla conmigo, pude explicarle y la rabia desapareció. 

Gracias a ti. 

Pero el viaje apenas empezaba. Venía lo difícil, ver a mi mamá. 

El vértice

El dibujo del vértice, el campo de protección en mis manos. Porque para que las cosas existan, es preciso nombrarlas, hacer que existan, imaginarlas, dibujarlas, darles la posibilidad de existir. 

La vi. 

Estaba justo detrás de mi, me di la vuelta y la salude con mi mano y me ignoró, pero yo soy la más insistente, mi mirada presionó hasta qué logre el saludo de vuelta, un saludo rabioso, eso si, pero yo estaba protegida. 

El vértice dibujado en mis dos manos, el vértice tatuado en mis dos manos, un campo magnético protegiendome, alejando todo lo malo, sentí lo que no había  logrado sentir nunca, estaba protegida y no dependía de nadie, solo de mi. 

Todo estaba en mis manos. 

Todo está en mis manos.  

Gracias a ti. 






martes, junio 04, 2024

Tampoco tus amigas

Era viernes pero además era 5 de abril, ese día Kurt cumplía 25 años muerto. Ese viermes en la mañana me llamo una señora, me dijo que era amiga de mi papá y que necesitaba verme, dijo que necesitaba venderme algo que me gustaba porque tenía que pagar el hospital de su hijo, le dije que no muchas veces, uno porque no sé que es "algo" y dos porque no hago tratos con gente que no conozco. Colgué y olvide el asunto. 

Eran las 4, solo habían venido 2 clientes en toda la tarde, entonces decidí hacer pan, tenía masa en mis dos manos, en mis uñas, en mi mandil, hasta en mi pelo, porque así cocino pues, me ensucio. 

"Hola mamita" 

No sabía quien era ni que quería, pero fue amable, entonces me limpie un poco y salí a saludarla, me dio un abrazo y una bolsa negra, me dijo, esto es para ti. Yo todavía no entendía de que se trataba todo, entraron dos tipos, armados y con placas y me dijeron que eran policías de la FELCN, y que yo estaba detenida por tráfico de drogas (pensé en el porro que tenía en mi cartera, pero era un porro, no era tráfico) . La señora salió corriendo y se fue, ellos me enmanillaron y me metieron a una vagoneta negra con vidrios negros, si, a una vagoneta de secuestradores. 

Fuimos a un montón de lugares, pero yo no conocía casi ninguno, sabian todo de mi, sabían donde estaba mi hijo en ese entonces de 14 años. Sabían quien era mj pareja, quien era mi papá, sabían que el café lo tenía hace algunos años. Casi no recuerdo la charla en ese auto, a pesar de las horas que pase ahi, pero no he olvidado ni un solo minuto con ellos. 

Por qué vendes droga? Preguntó, acaso tu pareja no tiene plata? Si trabaja en el gobierno, acaso tu cafe no te alcanza? Acaso tu papá no tiene plata? Pero yo no era traficante de nada, nunca en mi vida había vendido un gramo de nada que se mida en gramos. No vendo nada más que café y comida respondí. 

La primera cachetada. 

Por qué estas con una mujer? Seguro no conoces a un buen hombre, a uno que te haga sentir... Pero mira, yo soy bien conocido por hacer sentir todo a las mujeres, no te resistas, va a ser peor, mostrame tus tatuajes mejor, todos, porque si no igualito voy a descubrir y te va a ir peor. 

La segunda cachetada. 

Fueron 3, pero la tercera me la dieron por hacer despute por una coca cola qué no estaba fría y yo jodiendo como si no hubiera estado secuestrada por dos delincuentes. 

Han pasado 5 años. Tengo 5 mil dólares menos, no soy capaz de salir de rayuela ni de decir con palabras lo que esos hombres hicieron ese día. 

La policía, 6 meses despues, cerró el caso por falta de pruebas y yo desde ese día sé que la policía no te cuida, tampoco tus amigas. 




sábado, mayo 25, 2024

Cuando no tenía cuerpo.

Puedo sentir todo cuando camino, siento mis pies en el asfalto o en las piedras como si no tuviera zapatos, pero yo siempre tengo zapatos porque me da mucho miedo la mugre.

Otros días puedo sentir otras partes, como si las partes de mi cuerpo decidieran manifestarse solas, sin consulta. A veces despierto y siento mis brazos, mis manos, mis codos, mis dedos, puedo sentir todo eso todo el tiempo.

Digamos, enciendo un cigarro y siento en orden, mi hombro, mi codo, mi mano, mis dedos, una vez, otra vez, miles de veces. Una cajetilla enterita. 

Los días más difíciles son cuando siento mi ojo y mi oído derecho. Mi ojo tiembla, no quiere mirar, se hace al que no ve nada, se cierra a la fuerza y yo tengo que estar abriendolo a la fuerza también. Entonces me pongo un parche para que no se quiera cerrar y así paso el día, ciega de un ojo y explicándole al mundo que no me he caído y que nadie me ha golpeado. Mi oído  es más huevada porque ese no elige cuando, ese es así todo el día, sin ningún filtro para lo que suena afuera, mi oído no discrimina, directo colapsa. Es como cuando te toca estar al lado de un parlante en un concierto, una huevada pues, sobre todo si el ruido llega de sorpresa. Imaginate la licuadora o los platos que chocan unos con otros. O la bocinas del camión del gas. Todo suena tanto y va tan tan profundo en mi. Tan profundo que a veces solo recuerdo el día por el bocinazo del camión del gas o del camión que lleva plata, mucha plata. 

Lo que más recuerdo de mi niñez en este tiempo, es que vivía sin sentir nada, como si no tuviera cuerpo, Nunca me dolía nada, nunca tenía hambre ni sed ni sueño ni flojera ni calor ni frio, solo vivía, tenía toda mi energia intacta para mirar las cosas que hoy ya casi no miro. 

jueves, mayo 23, 2024

Desde ella

Realmente he dejado de pensar en la muerte como salida  hace muchos años. Creo que desde que la conozco, pero no así tan románticamente, si no más bien como algo enorme, un manto, algo que cubre todo. Mi vida ha dejado de ser difícil desde ella. Yo no sabia eso de navegar en aguas tranquilas. No sabía que tanta ternura era posible. 

Porque para que siga este amor he tenido que aprender un montón de cosas hermosas, he tenido que poder hacer las cosas de manera consciente. Darme cuenta, esa es la cosa, darse cuenta.  Ahora sé escucharla, la miro, intento adivinar lo que siente cuando me habla,  pienso en lo que está mirando mientras me cuenta... Igual con mis hijos, los miro cuando me hablan, intento saber, intento entender qué necesitan escuchar de mi. Intento decirles. He aprendido la ternura de ella. 

Desde ella. Desde esa vez.  

Ahora sé  frenar en el momento exacto, en fracciones de segundo puedo decidir qué decir. En esas fracciones de segundo yo puedo viajar en el tiempo, mirar de cerca las consecuencias de mis palabras y puedo volver y decir algo de la forma más cuidada y considerada. Porque jamás quiero herirla. 

Desde ese día que escribí "ven" y ella apareció detrás de mi. 

No pienso más en la muerte como en mi única salida, más bien intento ponerla al final de todo, como debe ser, ahora me gusta más estar viva, me gustan los resultados de los hijos que he criado, me gusta ver el reflejo del trabajo que le he puesto a la Rayuela, me emociona que siempre que llego a algún lugar, uno de mis perros me espera, salta, se emociona, me gusta besar y abrazar a mis perros. Me gusta encontrar a mi gato mirándome de lejos y a mi mariposa esperando que deje mi pierna quieta para descansar un rato. 

Desde esa noche que me dijo, yo te acompaño. 

Ya no me dan miedo los tramites, ya se cómo entrar a los lugares, siempre la imagino conmigo, eso sí, y entro no más, como una persona normal, preguntando, donde pago? Donde recojo? Tampoco me dan miedo los peluqueros ni los resultados, voy no más, me corto igualito que Kurt, aunque nadie lo ha notado aún, por suerte, pero no me da miedo, a veces un poco de preocupación, pero porque a mi todo me preocupa, aunque nada tenga nada que ver conmigo. 

Desde ese día: Toma, te regalo mi libro. 

Su libro, que mamá no nos vea, así se llama, que mamá no nos vea, sabía ella que íbamos a amarnos con la locura de los adolescentes? Sabía que teníamos que decirles a nuestras mamás? Que mamá no nos vea.  Su mamá no alcanzo a vernos, se fue antes por culpa de una embolia. Más bien no sabía nada de nosotras, porque entonces podríamos haber sido responsables de la embolia.  Mi mamá supo rapidito, busque muchas formas de explicarle que estaba enamorada de una mujer, pero esa era una apuesta perdida. Ella se iba a enojar y yo le estaba da dobla mejor de las razones. 

Dicienbre 2014. Me puedo quedar contigo? 

Si, quedate por favor. Así fue, se quedó conmigo para siempre. 10 años. 10 años que para mi, son para siempre. 











sábado, mayo 18, 2024

Por eso el silencio

Me da miedo el silencio, porque el silencio nunca es silencio, más bien desata el ruido, desata la voz del que me dice que siempre va a ser todo difícil. Que siempre voy a escuchar todo. Que mi cuerpo va a sentir todo así para siempre. 

Pero tengo hijos... 

Por eso sigo así, atrapada en un cuerpo casi muerto, un cuerpo que apenas se levanta se quiebra y estalla como un ventanal ante el golpe furioso de un adoquin. El ruido es aterrador. El ruido de cada pedazo de vidrio golpeando el suelo, cortando el aire por donde pasa.

Son un ancla los hijos. 

La cura no puede ser el silencio, tiene que existir otra manera, no puede ser que para seguir viva tenga que morirme tantas veces. 

Sus voces de niños son mi salvación. 

Pienso en el silencio. Lo nombro. De pronto está aquí, me envuelve como una medusa enojada, pasa sus tentáculos por mi garganta, apenas respiro, siento el fuego en mi pecho. Mi cuerpo late, como si todo fuera solamente mi corazón, latiendo acelerado, desesperado, miedoso, late mi cerebro. 

Escucho los latidos. Pum pum, pum pum. Sus corazones latiendo por primera vez en ese fondo oscuro. 

Pienso en mi madre, recuerdo el tono de su voz, siempre enojada o triste o las dos cosas. Escucho cómo mi sangre, pasa furiosa por mis venas, con la furia de mi madre, un río descontrolado empujando para pasar. Sacando todo de su camino. 

Más bien los dos fueron cesárea. Ninguno me partió por la mitad ni me empujó por dentro. 

Siempre estoy pensando en ella, cada vez que el silencio aparece, yo pienso en ella, ya no me pregunto por qué. Será que la vuelvo a ver? Cómo será si la veo? No será que está mejor así lejos? Acordate cómo es cuando está cerca, acordate del abismo en su mirada. Me acuerdo. Me hundo en el abismo. 

Por suerte mis hijos aman que los mire, no se preguntan cosas. Saben. 

Por eso no me gusta el silencio, porque el silencio no existe realmente, cuando se apaga el ruido de afuera, se enciende el otro ruido, el que solo escucho yo. 








miércoles, mayo 15, 2024

Volver

Estoy en alguno de esos tantos inicios. Vuelvo a recordar con mucha claridad lugares a los que nunca he ido, veo la luz y sé el momento exacto. El olor de la leña, el sonido del maíz cuando se muele, el olor del maíz cuando se tuesta. El sabor del maiz en la sopa, hace calor, la sopa es sólo parte de las cosas que pasaban porque tenían que pasar. 

La luz del medio día

De pronto el patio con tierra porque la higuera no deja que pase el sol, pero más allá hay pasto que muy pronto es rio. El río que baja de derecha a izquierda, el río transparente lleno de piedras redondas y verdes. La rama más larga, la que llega hasta el río, tiene un plástico rojo amarrado o capaz una banderita de algún carnaval. El sol está naranja y le da con todo al plástico rojo, el rojo más rojo que existe,el rojo más rojo que nunca en su vida. 

La luz del atardecer.  

Siento el olor de la lluvia en las hojas de todos los arbustos que me rodean. Escucho cómo hablan los pajaritos, las zigarras, las moscas, los renacuajos.  El olor de ese poco de tierra, ahora mojada, escucho el golpecito que hacen las gotas en las aguas del río. Siento el olor del carbón apagado con la lluvia, el sonido del viento. Las calaminas. El olor de la leña nueva allá adentro. El sonido del frío. El olor de la noche. 

La noche

Pero yo nunca he estado ahí. 

Esa higuera no es mía y ese río no lo he escuchado nunca, ese plástico tan rojo solo existe en mi memoria. 

Recuerdo un montón de cosas que jamás he vivido. 


martes, mayo 14, 2024

Constelación

Esta vez voy sin miedo, ya sé cómo es, ya sé todo lo que pasa, voy con esperanza, voy acompañada. 

Un pajarito me habla, no entiendo que me dice, pero insiste, se para en el techo justo encima de mi, que será lo que me dice... 

Eso me jode, no poder silbar, no sé cómo más una se comunica con los pajaritos, mi abuelo sabía y me enseñó, vos les silbas y ellos responden. A mi me miran de frente, se paran frente a mi, giran su cabeza y me silbam, sin miedo, más bien con curiosidad.

A veces me recuerdo soñando con una casa gigante, en un auto de esos que obligan a la gente a mirar, intento recordar porqué ese era mi sueño, pero no recuerdo nada, cuando voy tan atrás en el tiempo, apenas recuerdo la sensación general de no entender nada y la dicha absoluta qué sentí cuando aprendí a silbar.

Hoy no puedo. 

Recuerdo la muerte, mi chompa guinda con azul, tan horrible, grande y fea y yo no me la sacaba nunca, solo para el entierro. Porque ese día me pidieron que me ponga un traje lila horrendo, triste, casi elegante, para qué, para pararme al borde del hueco ese donde metieron a mi abuela, recuerdo el vertigo de ese hueco, el vértigo que quiso quedarse conmigo para siempre. Y el silbido de los pajaritos. Eso recuerdo. 

El vértigo de la muerte. 

De las cosas que se lleva el tiempo, de lo que no vuelve, ni por un segundo, nada, su mano, sus dulces azucarados, su palabra para mi, mi chijla, mi abuela que me defendía siempre de ella, si, de la que no quiso quererme. Mi abuela que fumaba y llenaba geniogramas con el larousse al lado. Matando moscas en su cabeza y en la mía. 

No va a volver, nadie podría salir jamás de ese hueco, tan profundo, de ese cajón, tan cerrado.  De esa tierra, tan pesada, tan oscura, tan fría. 

El vértigo de lo que no vuelve, como el silbido no respondido de un pajaro que quiere hablar conmigo y se va sin mirar atrás, porque sabe que el tiempo no vuelve. 




domingo, mayo 12, 2024

Domingo. El día silencio

Es domingo, el día asilo, el día estacion, el día puerto, el día muelle, el día playa, el día ensenada

Empecé a conducir y decidí fumar un porro. El día abrigo. Un porro de día, con la luz del sol en mi cara, el sol qué me juzga y que los deja mirarme. El día abrazo. Un espacio bajo la sombra de un gran árbol. Mi mesa verde, la buganvilia, mi taza de café. El día amparo. 

No han llegado aún los que me acompañan, puedo fumar, un cigarro detrás de otro, sin culpa por el humo que inevitablemente exhalo. El día refugio. Termino mi cajetilla y me da vergüenza conmigo abrir otra, pero recuerdo. El día memoria. Recuerdo que soy experta en sobrepasar la vergüenza y hacer lo que quiero. Espero un poco, mi cigarro todavía no se ha terminado, tampoco mi café, ni han llegado los que me acompañan. El día tregua. Mejor me apuro, fumo rápido, una billa profunda, antes de que lleguen, sobrepaso la vergüenza, abro la otra cajetilla, pido otro café. El día respiro

Eso si, en la misma taza. El día parada. 

El día pausa.