jueves, julio 23, 2026

No estoy llorando, tu estás llorando

Ese día pensé que lo peor que podía pasarme en la vida era la parálisis, después me di cuenta que no,  lo peor era tener esas secuelas que habían cambiado para siempre mi cara, mi voz, mi mirada.

Volví a pensar que nada peor podía pasarme y entonces Claudia se fue, después mi gato, después el Joshua y después el Mati.

Me quedé sola.

Volví a pensar.

Nada peor me puede pasar.

Y después mi hermano me estafó los únicos 30 mil dólares que tenía. Pero recién se había ido Claudia, entonces no fue tan difícil eso de la plata.

Ya nada peor me podía pasar.

Adopte un gatito. El me dijo, ponle Clara y pues, le puse Clara.

El día que empezó con una luz hermosa, mi gatita, Clarita, corrió al plato de Bosnia y Bosnia, al querer apartarla, la mató.

Dios mío, Clarita, Dios mio!

Eso me pasó.

Me quedé inmóvil un tiempo y después de todo eso decidí operarme y ya sabes, nada salió bien. Excepto la forma de mis ojos, pero con la forma no veo ni detengo las miles de agujas que se clavan en mi ojo tantas veces al día, ni los ríos de lágrimas que no se detienen y que han ido convenciendo a mi cerebro de que lloro por tristeza...

Aunque quizás sí.

Realmente ahora sé que todo lo peor puede pasarme y pasarme sin darme tregua.