miércoles, mayo 14, 2025

Ikigai

 Tu ikigai —esa razón profunda para levantarte cada mañana— está entrelazado con la creación de espacios donde la belleza, la amistad y la libertad pueden respirar. Rayuela Café Arte es su manifestación más clara: un refugio donde lo diverso se abraza, donde la música, la comida y la palabra tejen comunidad.

Tu pasión es el arte, tu misión es dar hogar a los que no encajan en ningún otro lado, tu vocación es cuidar, y tu profesión es hacer que todo eso funcione, día tras día.

Tu ikigai está en construir un mundo más tierno y más justo, empezando por una mesa compartida, una canción, una historia, una taza caliente

martes, mayo 13, 2025

Si fuera otra persona

Si yo fuera otra persona, estaría disfrutando mucho de esto.

Todo está como debería. El café servido, la música encendida, la gente entrando y saliendo.

Sonríen. Me hablan.

Yo sonrío. Medio sonrío.

Hace días que la cuchara tiembla en mi mano. Muy poco, pero tiembla.

Alguien me preguntó si estaba bien. Le dije que sí, pero desde entonces me mira distinto.

Como si supiera algo.

Me parece que hay alguien en el rincón del pasillo. Una figura quieta, apenas visible. Parpadeo. Ya no está.

Hay un leve zumbido en las paredes.

Tal vez es mi cabeza intentando afinar con el mundo.

podría ser el nervio de mi músculo que suena eléctrico cuando intento moverlo 

Todo debería estar bien aunque algo se ha movido muy levemente.

Como si el mundo respirara distinto.

Como si alguien, en algún lugar, acabara de tomar mi lugar.

Y nadie lo hubiera notado.

sábado, mayo 10, 2025

Primeras imágenes reales

Esta fragmentada, perdida en su propia confusión. Su identidad se diluye entre las expectativas ajenas y sus propias luchas internas, como si no pudiera encontrar un lugar al que realmente pertenecer. Sus palabras, a menudo suaves, ocultan la violencia de sus actos, capaces de romper en un solo gesto lo que parecía intocable. Fría y cálida al mismo tiempo, es capaz de ofrecer una dulzura que esconde un vacío profundo, una traición constante a aquellos que más confían en ella. Abandonada, no por la falta de personas a su alrededor, sino por su incapacidad de ser leal a sí misma y a los demás, camina sin rumbo, dejando cicatrices en cada paso.


Manifiesto para el alma que duda

 

Los narcisistas no son almas gemelas.

No vienen a amarte: vienen a devorarte.

Son depredadores disfrazados de salvación.

Parásitos emocionales que se nutren de tu luz,

de tu risa, de tus dudas, de tus heridas abiertas.


No es amor: es estrategia.

No son errores: es cálculo.

Te seducen con espejos, te atrapan con vacíos.

Mientras tú sueñas, ellos miden.

Mientras tú das, ellos extraen.

Mientras tú crees, ellos destruyen.


Deshacen tu autoestima con caricias falsas.

Erosionan tu identidad hasta hacerte dudar de ti misma.

Te aíslan, te minimizan, te desdibujan.

Y todo con una sonrisa.


No les abras la puerta.

No les justifiques.

No los esperes.

No confundas intensidad con amor ni manipulación con destino.


Esto es una advertencia.

Esto es una promesa de libertad.

El amor no debería doler, ni dejarte vacía,

ni hacerte sentir menos de lo que eras antes.


Tú no estás rota.

Ellos no son salvadores.

Tú mereces paz, verdad y ternura.

martes, mayo 06, 2025

Procuro olvidarte

 Lo primero que se apagó fue el sonido.

Un día desperté y ya no escuchaba pajaritos.

En consecuencia, fueron desapareciendo las fotos,

la única manera que había encontrado de mirar el mundo.


El silencio no es mudo:

suena a electricidad,

es un sonido profundo, persistente.


Después, mis ojos.

Dejé de mirar: pájaros, personas, niños, situaciones.

El silencio fue ganando,

llenando todos los rincones de mi cuerpo y de mis sentidos.


Mi cuerpo, insistente con el sueño.

Mi único refugio: mi cama.

Aunque ya no entre las sábanas,

encima de todo,

con un frío desesperado y difícil de contener.


Una manta.

Dos.

Tres.

Cuatro.

El frío pasa por dentro.


Me convertí en una especie de eco,

una vibración leve de algo que alguna vez fue.

Ya no siento hambre, ni sed, ni ganas.

Solo el peso del cuerpo.


Pero, aún así, algo persiste.

Una respiración.

Un parpadeo.

Una mínima conciencia bajo las mantas.

Como si en medio del silencio

hubiera un murmullo tenue, casi imperceptible,

que no se deja apagar del todo.


No es esperanza, no todavía.

Es apenas una vibración tibia,

una pregunta sin forma,

pero viva.


Me gusta el té caliente.

Casi puedo ver su recorrido,

puedo sentirlo: caliente.

Me abraza.

Dura apenas unos segundos.


Primero mis sentidos,

después mi cuerpo:

un poco menos presente cada día.

Un poco menos.


Tu voz: "ya venga".

Y yo, obediente,

feliz con esa invitación de todos los días

para abrazarte y dormir sostenida en tu cuerpo.


Te extraño

de una manera inhumana y cruel.

Te extrañan mis oídos,

mis ojos,

mi voz.

Te extraño con todo mi cuerpo,

con todos mis sentidos.


Te extraño incluso en el sueño,

donde a veces te invento,

te dibujo con los restos de lo que recuerdo:

tu olor tibio,

el roce de tus dedos en mi espalda,

esa manera tuya de quedarte callada

justo antes de decir algo que importaba.


Me despierto con la piel buscando la tuya,

y no hay nada.

Solo la manta.

Solo el frío.

Solo este cuerpo mío

que se ha vuelto casa deshabitada

desde que no estás.


lunes, mayo 05, 2025

Las noches

 Tantas noches


En estos días he vuelto a despertar sin ti,

todo de nuevo.

Abro los ojos para volver a entender

que no estás.

No estás conmigo.

No sé a dónde ir cada noche.

Despierto directo al abismo.

Y el abismo ya no me asusta,

solo me cansa.

Cansa este cuerpo que camina solo,

que intenta acostumbrarse al hueco de tus pasos,

cansa esta piel que todavía te busca

en la tibieza del aire.


Hay algo cruel en la costumbre de no encontrarte.

Y sin embargo, cada mañana te nombro,

como si el sonido de tu ausencia

pudiera llenarme el pecho otra vez.


Enciendo una vela

y pienso lo feliz que estarías

de dormir con su luz pequeña,

como un faro quieto en la noche.

Y yo cerca de ti, como corresponde.

Como siempre debió ser.


Siempre me dices que todo va a estar bien,

pero… ¿cómo, sin ti?

¿De qué sirve que esté todo bien

si no estás tú para mirar

lo linda que es la vida

cuando todo está bien?


Tantas noches, mi amor.

Tantas noches en que me repito tus palabras

como un rezo gastado,

como si pudieran convencer

a este corazón terco

de que siga latiendo sin su motivo.

Tantas noches en que el silencio lleva tu nombre,

y la almohada guarda

las formas de tus promesas.


¿De qué me sirve la calma

si no puedo correr a contártela?

¿Para qué la belleza del mundo

si no tengo tus ojos para reflejarla?


Tantas noches, mi amor…

y aún así te espero.

Como si esperar

fuera una forma

de quedarme contigo.

Una carta de amor

Tal vez no sabes cuánto te sostiene tu ternura, incluso cuando eliges mostrar dureza. O que ese lugar que creaste —Rayuela— no es solo un café, sino un acto de resistencia diaria, un nido tejido con hilos invisibles de amor, pérdida, belleza y fuego.

Tal vez no te das cuenta de cuánta gente respira más hondo solo por saber que tú existes.

Te amo. 


Atte. 


Yo que no dejo de mirarte. 

jueves, mayo 01, 2025

El. Jardinero

Eso es lo más potente de El Jardinero, Esa ambigüedad moral que te deja incómoda, pero también muy conectada. Es como si ellos hicieran lo que hacen por amor, por lealtad, por una lógica que en su mundo tiene sentido… aunque para el resto sea impensable.

Y ella, Esa dulzura forzada, ese modo de disfrazar su egoísmo con buena educación… da más miedo que cualquier cuchillo. Es como si se escondiera detrás de una máscara de inocencia, mientras manipula a todos para que todo gire en torno a ella.

En cambio, el Jardinero y su mamá son crudos, sí, pero honestos con su oscuridad. No fingen ser otra cosa. Me da la sensación de que, aunque matan, lo hacen casi con ternura. Como si cuidaran más al muerto que los vivos a sus propios vivos.

Es como si el amor que sienten—torcido, sí, pero profundo—fuera más real que todo lo demás. Incluso cuando matan, lo hacen con una especie de compasión rara, como si entendieran el dolor del otro hasta el punto de liberarlo… aunque esa “liberación” sea la muerte.

La profesora… qué cosa, ¿no? Toda sonrisa, toda moral, pero incapaz de ver más allá de su propio deseo.

Identificarse con ellos es como reconocer las sombras propias, esas partes que duelen, que uno guarda muy hondo y que a veces se manifiestan como ternura desbordada o como rabia contenida..

Tal vez por eso veo El Jardinero tantas veces. No por la historia, sino por la herida. Porque me ayuda a ponerle forma, rostro, palabras… a algo que viviste. Algo que aún vive adentro.

Violeta ya había cruzado esa línea antes. La escena en el puente es aún más reveladora, porque es casi como un ensayo para lo que vendrá después. El chico en el puente no representa solo una amenaza, sino también una prueba de lo que ella es capaz de hacer cuando ya no puede ignorar lo que su mundo necesita.

Lo que me impresiona es cómo ella se enfrenta a esa dualidad: esa mezcla de fragilidad y dureza que la acompaña. Como si, al matar al chico en el puente, también estuviera matando algo en ella misma, abriéndose a un destino que no la perdona.

Y luego, con Orson… ya no hay vuelta atrás. Ya no se puede esconder. Quizá eso es lo que más me llega de su personaje: esa transición, de quien teme lo que tiene que hacer, a quien lo hace sin dudar, pero con el peso de saber que ya no es la misma.

A veces amar a alguien puede ser tan complicado, tan lleno de sombras, que te deja con la sensación de que, al final, no eras la misma antes ni después de esa relación. Y al igual que en El Jardinero, puede haber momentos de sacrificio, de tener que hacer cosas que, en el fondo, sabes que te cambiarán para siempre.










viernes, abril 11, 2025

La mitad de un año

Seis meses.


Una vez fueron nuestros primeros 6 meses. 

Al fin puedo decirlo sin que se me desarme el cuerpo. 

El primer tiempo fue un lugar extraño, como vivir con fiebre, con el alma enredada en cada cosa. Buscaba explicaciones donde solo había dolor.

Amé con todo. Con lo mejor y lo peor de mí. No me quedé corta, no me guardé nada.

No me guardé ternura ni rabia, ni dudas ni certezas.

Estuve entera, hasta el último día.

Hasta que ya no hubo más días

Con lo torpe, con lo frágil, con lo valiente también.

Pero ahora sé cosas. 

Sé que estuve siempre afuera. Que no se me permitió entrar.

Que no era yo el problema, ni siquiera lo éramos nosotras.

Era ese muro antiguo, lleno de nombres y de mandatos.

Era eso que nunca nos perdonó ser dos mujeres amándose.

Durante mucho tiempo creí que si amaba con más fuerza, algo iba a ceder.

Pero no. 

No pasó.

Y ahí está el aprendizaje más hondo:

no todo se puede amar hasta salvarlo.

Y aunque dolió, y aunque aún duele a ratos, hay algo de alivio en saber que no me fallé ni le falle a esa promesa de amor. 

Ahora me despierto sin ella. Me acuesto sin ella y me descubro viva, a veces incluso en paz.

Los caminos nunca han estado, los vamos haciendo con lo que tenemos, la cosa siempre es darse cuenta y despues, moverte, andar, no quedarte en el mismo lugar.

-El tiempo pone todo en su lugar-me dijo un día; el tiempo lo cambia todo, pienso yo. 

miércoles, abril 09, 2025

Tanto te ame

 Ya entendí.

No fue falta de amor, fue exceso de fe.

Todos esos pensamientos que me desvelaban —de amor, de esperanza, de angustia, de nostalgia— fueron cayendo, uno por uno, en un cajón sin fondo.

Un cajón que se tragaba todo lo que yo daba sin devolver ni siquiera un eco.


Esperé.

Con la paciencia de quien aún cree en los milagros.

Con la ternura torpe de quien se aferra a lo que ya no está.


Pero ya no puedo seguir esperando.

Porque esperar, a veces, es otra forma de doler.


Ya no quiero.