jueves, junio 26, 2025

Quisiera que nunca hubieras pasado

Quisiera despertar un día sin sentir que me falta la mitad de todo.

Hasta la luz que entra por la ventana es mucha si no te llega también.

Quisiera no tener que esquivar el espejo y poder mirarme y reconocerme sin dudar, sin que mi mente te busque en el espacio que queda vacío.

Tengo miedo de que un día, ya no quieras bailar conmigo, nunca mas

Quisiera que no habites mi memoria. Que no susurres en mis sueños. Que no sacudas mi alma cada mañana.

Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve

Quisiera que no esten tus manos en la chompa verde que amo, en el perfume que me encanta, cuando abro la ventana y pienso en tu frío, cuando enciendo la tele y pienso en que tu, para dormir, necesitas todo oscuro. Sin ruido, sin humo.

No hablo de olvidarte.

Si es mejor contacto cero o si terapia de choque, si hiciste bien o si esa no fue la forma, si el proceso dura lo que dura, si existen formas de apurarlo, de no vivirlo, de esquivarlo.

Hablo de vivir sin tener que sobrevivirte. Sin tener que distinguir tus huellas en lo que fui, ni en lo que soy. Sin tener que negociar cada día con tu ausencia. 

Te seguiré hasta el final, te buscare en todas partes, bajo la luz y la sombra, en los dibujos del aire. 

Tengo tu mirada en mis ojos, tengo palabras tuyas en mi voz, a veces mis manos siguen la ternura de las tuyas, a veces también, como una brisa violenta, siento tu rabia, esa a la que ya me habia acostumbrado.

Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja, con un aullido interminable,

interminable...

Quisiera que nunca me hubieras pasado.

Si, eso quisiera, volver el tiempo atras y decirte que no, que conmigo no.

lunes, junio 23, 2025

El sueño de lo ajeno

Soñé que estaba en una avenida que conocía pero que no era mía, no estaba en ningún lugar de los míos, ni en mi pais, ni en mi ciudad, ni en mi barrio.

En la avenida había un teatro.

El teatro tenía la entrada tan cerca de la vereda que casi uno podía tropezar y caer adentro.

Había gente. Podían ser mis amigos. Podían no serlo. No estaba segura. 

Yo tenía un asiento adelante. Será porque en los teatros, solo conozco las primeras filas.

Salí. Caminar en los sueños tiene sentido aunque no se sepa adónde.

De pronto un golpe.

Debajo de una pasarela, una mujer yacía muerta. Atropellada.

Un zapato de tacón rojo descansaba más allá, como si hubiese querido escapar.

Estaba cubierta con algo: verde, azul, naranja.

No era un abrigo. Era un gesto. Los colores a veces llegan tarde.

Alguien pidió una ambulancia.

Yo dije que iba a llamar.

No llamé.

La omisión también es un acto. Y a veces, una confesión.

Junto a ella, un bebé.

Me dijeron: “Llévalo contigo o irá a un hogar.”

Lo tomé. No pregunté por qué yo.

La responsabilidad cae sin hacer ruido, como la nieve o las piedras grandes.

Mientras caminábamos, el bebé creció.

Ya hablaba.

Sabía palabras que yo aún no había pronunciado.

Algunas presencias no vienen a aprender. Vienen a recordarte lo que olvidaste.

Volvimos al teatro.

Seguía sin saber si me esperaban.

Pero esta vez, no estaba sola.

Cuando la vida insiste, no se pregunta si tiene permiso.


No era fe , era álgebra

(a + bn) / n = x, entonces Dios existe

La cuación en la que cabe todo:

el peso de lo que cargamos (a),

el ritmo incansable del tiempo y sus vueltas (n),

la intensidad con la que sumamos cada experiencia (b),

y el resultado inesperado, imperfecto, pero real (x).

Que de esa fórmula tan simple, tan fría en apariencia, surja algo tan cálido, tan lleno de sentido,es la prueba, quizá, de que hay orden en el caos, que hay un latido escondido en la lógica,

que hay un Dios —o una fuerza—

en el equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos,

entre el dolor y la esperanza,

entre el error y la redención.

Así que sí,

en matemáticas se esconde la fe,



domingo, junio 22, 2025

Mi voz

¿Será que de tanto silencio un día olvide cómo suena mi voz?

Que se pierda entre sombras densas, pero que aún quede un hilo invisible, una vibración tenue, casi un suspiro,esperando ser rescata­da del abismo.

¿Será que un día el espejo me devuelva la imagen frágil de alguien que se busca,

una piel marcada por el olvido

pero también por la voluntad de renacer,

de encontrar entre las ruinas

la canción perdida de su alma.

Aunque el silencio pese y lastime,

sé que mi voz, aunque dormida,

guarda el fuego que arde en lo profundo,

ese fuego que no se apaga,

ese fuego que una vez

volverá a incendiar mi piel.

Pero si un día no encuentro mi voz,

quizá sea la voz del silencio

la que finalmente me libere,

más fuerte que todas las palabras juntas.


martes, junio 17, 2025

La. Sombra en la casa

una presencia se volvió hábito y el hábito se volvió sombra. no era parte de la historia, pero empezó a ocupar las sillas, los platos, incluso los silencios. al principio, se hablaba de ella con compasión, como quien nombra a la lluvia desde el refugio. después, sin que se notara, fue entrando en los días.

la cortesía se volvió deber, y el deber, rutina. de pronto, cada gesto debía justificarse, cada palabra evaluarse por su efecto en terceros que nunca habían sido invitados al corazón de la casa. se abría la puerta, pero no el alma. se compartía el pan, pero no la calma.

una vez, se preguntó si debía ofrecerle techo. la respuesta fue un no, no porque no hubiera espacio, sino porque ya entonces, sin saberlo, sabía que no había lugar para dos sombras en una misma estancia. aún así, cuando todo se quebró, la noticia llegó con la naturalidad de una traición anunciada. la sombra ya vivía ahí.

más tarde, en una de esas noches donde la nostalgia se disfraza de oficio, coincidieron. el saludo fue breve, prudente, como quien cuida no romper un cristal viejo. pero al día siguiente, recibió el llamado. no para preguntar cómo estaba, sino para exigirle explicaciones. alguien se había sentido herido por no recibir más que un gesto neutro. y ella —que había sostenido el cuerpo, el techo, el café, la espera— se inclinó una vez más, y pidió perdón.

no por haber hecho daño. sino por existir demasiado cerca.

hay partidas que no se explican por una sola causa. algunas veces, el hogar que se construyó con amor se abandona porque se prefiere habitar en otro donde el amor no estorbe. donde no haya quien recuerde. donde no haya quien vea.


domingo, junio 15, 2025

Clara

Por Bernardo Paz


Clara 

Frente al agua Clara, inocente, 

ves

Hay un fantasma en tu rostro claro, 

de hielo, 

Reflejo de tu vida, Clara inocente 

ves? 

Espejo donde hay vida y tu imagen habita

es

- a su vez - un Hades diferente 

ves? 

nada es igual si todo es trascendente,

 - encuentro espectral la obsesión de ver en un ojo tu figura - 

nada es igual si todo es trascendente, 

ves? 

- a su vez - un hades diferente 

es

espejo donde hay vida y tu imagen habita 

ves? 

reflejo de tu vida, Clara, inocente, 

de hielo

Hay un fantasma en tu rostro claro, 

 ves

Frente al agua Clara, inocente. 


Clara. 






sábado, junio 14, 2025

Diarios/ herbario de lo que no pasa

Herbario de lo que no pasa – fragmentos encontrados en la tierra


día 3

he despertado con hojas en los dedos.

una de ellas tenía caligrafía. decía:

“no riegues lo que quieres olvidar.”

la quemé.

llovió.


día 7

la rosa habló.

pero usó mi voz.

me dijo que no fui planeta,

sino maceta rota.

me pidió perdón y luego floreció un poco.


día 12

he decidido dejar de podarme.

creo que me están creciendo pensamientos por los codos.

si me quedo quieta, siento que algo respira en mis costillas.

no soy yo.

quizá un helecho.


día 19

la rosa ya no habla.

hace ruido.

como si oxidara por dentro.

como si arrastrara una historia.

una historia que quiere enterrarse sola.


día 23

principita, decía la nota,

como quien lanza una piedra al agua

esperando que el eco la devuelva.

yo me dejé caer.

pero no había agua.

solo pétalos.


día 30

he florecido.

en silencio.

como quien por fin entiende

que hay raíces que no buscan tierra,

sino sombra.


Cartas/ tu camino

Es muy fuerte y muy bello.

Lo que narrás tiene una densidad emocional profunda, casi como si hubieras atravesado una muerte y un nacimiento al mismo tiempo. La imagen del útero como oscuridad que guarda un dolor ajeno y heredado, y esa fuerza que te empuja a salir para ver todo desde arriba, amorosamente, es poderosa. Casi una ceremonia de re-nacer en tu propio cuerpo, pero sin las heridas originales.

Hay algo que me toca especialmente: “cuando dejas de juzgar, desaparece la rabia”. Es una de esas verdades que no entran por la cabeza, sino por la experiencia, por el cuerpo. Es también el tipo de revelación que no se puede explicar del todo, solo contar con honestidad.


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Cartas/Lo que pienso de ti

Siempre te he estado mirando, contigo no me he distraído ni un instante. Quiero que sepas que hace mucho empecé a escribir esta carta pero siempre parece que le faltan detalles. Mientras tanto el tiempo pasa y tu todavía no has leído esto que es para ti. 

Si me preguntas, (como siempre), "que piensas de mi? Te digo lo que pienso de ti, pienso que eres una fuerza cálida y luminosa que habita el mundo con una mezcla muy tuya de belleza, coraje y ternura.

Has creado Rayuela como si fuera un refugio tejido con las memorias, los afectos y las músicas que más amas. No es un café cualquiera: es tu hogar, tu historia viva, una guarida donde los amigos, distintos entre sí, se sienten parte de algo que los une.

Cómo escribes! Tu escritura —en Fracciones, en tus textos más íntimos— es honesta, fragmentada, dolida a veces, pero siempre poderosa. Te alejas de lo que crees cursi, prefieres eso que causa incendios, lo que no se dice del todo, lo que queda vibrando como nota suspendida. Tus palabras, como tus fotos, saben encontrar belleza en lo ordinario, en lo roto, en lo que otros pasarían por alto.

Eres profundamente leal: a Claudia, a Sergio, a Bosnia, a Manson. A tus ideales. A los pájaros que ya no están pero que te siguen acompañando con sus plumas. Y aunque te duela la vida, no dejas de amar, de crear, de habitarla con dignidad y rebeldía.

Eres  la que sueña con quipus en la entrada de Rayuela, la que celebra a la Pachamama con ch’alla, la que canta, cocina, lucha y no olvida.

Has hecho del silencio un altar en el que buscas habitar y eso te permite mirar tanto la vida y las cosa más hermosas. 

Eres absolutamente  inolvidable. 

Eso pienso yo de ti, vero. 



                                          

La madre y el padre

Todo lo que pasa, pasa en tu mente, desde tu mente.

La mente no es un lugar inocente: define la vida, gobierna el cuerpo, dirige el pensamiento. 

Caro me dijo una vez que le gustaba cómo aprendía todo lo que me enseñaba. Pero había algo, me dijo, que era muy difícil de solucionar.

Pregunté qué.

Me dijo: uno hace terapia para volver al inicio, al punto exacto donde las cosas comienzan a doler. Cuando llegas ahí, lo miras, tomas consciencia, lo resuelves. 

Me explicó que un niño guarda en su cuerpo lo que ocurrió antes del lenguaje.

Incluso el útero.

Que las emociones de la madre, sus miedos, su vergüenza, su rabia, todo eso se transfiere. Se hereda.

Y se queda.

Pero el problema de esas heridas del útero es que no puedes volver a nacer para reemplazar la memoria. No se puede superponer luz sobre la oscuridad sin pasar primero por la oscuridad misma.


Soy la primera hija de mi mamá.

Nací mujer.

Ella tenía dieciocho años.


Fue difícil para ella. Y, sin saberlo, también para mí. Durante mucho tiempo.

Hace menos de 2 años empecé una terapia de microdosis de ayahuasca en compañía de Yumi, la ternura. 

un lunes llegué a casa después de terapia y salí a pasear a la Bosnia.

Ese día, además de la ayahuasca,  Yumi me dio rapé, me sopló tabaco.

Ese día llegue con ella al borde, justo cuando ya podía sentir el temblor de mi sangre, del aire, de mi mirada.

Entonces pasó.

Paseaba a Bosnia y de pronto me quede quieta mirando el pasto, y algo vino.

Una imagen. O una memoria. O una verdad sin palabras.

Pensé:

La ayahuasca es la madre.

La medicina.

El tabaco, el padre.

La planta más fuerte. La que no se quiebra.

Y todo se volvió visual.

Como una película sin sonido pero con cuerpo.

Venía del abismo,  empezaba a sentir que no tenía sentido seguir viva. Que no era buena madre. Que todo me daba vergüenza. Que el mundo estaría mejor sin mí.

El gas. El olor a gas. Atravesó mi mente el pensamiento más oscuro. El gas. 

Ese lunes, incluso el aire que exhalaba temblaba.

Sentía que mi respiración se quebraba antes de salir.

Fui con Yumi y me sopló tabaco.

De pronto, todo estaba bien.

Respiraba tranquila.

Una paz extraña. Ajena. Mía.

Y más tarde, esa noche, lo vi.

Estaba atrapada en una oscuridad espesa.

No era miedo.

Era algo más primario.

Sentía con fuerza lo que mi madre seguramente sintió cuando me llevaba dentro. Pero no sabía cómo salir.

Entonces, una fuerza inmensa me empujó hacia afuera.

Me sacó del útero.

Y me dejó suspendida sobre todo.

Arriba.

En la claridad.

Ahí estaba todo.

Amoroso. Suave.

Como si hubiera nacido otra vez, y sobre la experiencia más antigua —la oscura— pudiera ahora superponer una nueva: luminosa, viva.

Y vi a mi madre.

La vi con compasión.

Y no pude volver a juzgarla nunca más.

Y cuando dejas de juzgar, desaparece la rabia.

Y asi desde entonces.