mientras exista una mirada habrá siempre un respiro...aunque la mirada no sea para mi, aunque el respiro no sea mio..
domingo, septiembre 21, 2025
No quiero ser tu amiga
sábado, septiembre 20, 2025
Un segundo infinito
Recuerdo el instante preciso en que mis ojos dejaron de ver.
Era de noche, estaba detenida frente a un semáforo verde. Quise leer los segundos que me quedaban y, de pronto, no pude. Nunca más.
He aprendido a reconocer el momento exacto en que la medida de mis lentes cambia. Llega con la solemnidad de una ceremonia íntima: una música de fondo, el olor insistente de una pizza, algún gesto trivial que de pronto se vuelve imborrable. Son segundos que sé alargar hasta el infinito, como si pudiera estirar el tiempo con mis dedos.
Hoy ocurrió mientras escribía. Leía una palabra, otra más, y de pronto el texto se volvió ilegible. Las letras se mezclaron, se confundieron, se volvieron un laberinto. Borrosas, amontonadas, como las migas que se quedan al borde de una bandeja.
Ningún signo de la vejez me ha tomado por sorpresa. La he visto con la paciencia de quien cuenta las grietas en una pared: en los espejos, en los charcos, en las ventanas, en el reflejo de sus lentes.
Y aun así, siempre sucede igual: un instante minúsculo, imposible de señalar, en el que el cuerpo revela su secreto.
Lo percibo todo.
Y, sin embargo, me sorprende.
jueves, septiembre 18, 2025
Eres lo que más quiero en este mundo
Los días,
cientos de días,
han ido pasando en una clara batalla,
pero han ido pasando.
Mi amor, en este infierno, junto a ti se irá.
Puedo atravesar semanas enteras sin escuchar su voz, aunque la pienso absolutamente todos los días.
(sigo durmiendo en la mitad de nuestra cama)
igual que una condena,
igual que una calle sin salida.
La memoria silenciosa vuelve con la fuerza de un relámpago:
Mi cuerpo la siente cerca, y soy yo hace diez años: completamente encantada, absolutamente enamorada.
Y no, no de esa manera. Esto pasa por encima de lo que existe, no cabe en la carne ni en los gestos, un amor que persiste cuando todo lo demás se ha roto.
Cuando ya no existe el dónde.
Que quede aquí escrito: no es que quiera volver con ella —aunque, si fuera honesta, probablemente lo haría—. No es que llore cada vez que la pienso; ya he llorado todo. Es que así resulta que había sido mi amor.
Su abrazo va dejando de ser un abismo y vuelve a ser el lugar más seguro.
Por unos minutos.
La abrazo y la siento respirar, once meses después, y mi cuerpo comprende que todavía respiramos al mismo ritmo.
Tun tun,
tun tun.
Igualito que ese día, igualito que el resto de nuestros días.
Pero este amor ya no es suyo. Late en mi sangre, pero ya no le pertenece a ella. Me pertenece solamente a mí.
Es de mis ojos esa belleza,
es de mis oídos esa dulzura,
es de mi cuerpo ese temblor que solo pasa en el amor.
En ese amor que cuando se extingue, queda un silencio tan profundo que no sé si estoy viva o si el mundo ha terminado.
Tal vez prefieras irte o no valdrá el fin.
Mis manos se adormecen , no podre seguir.
miércoles, septiembre 17, 2025
Lo que no tiene nombre
Solo vi un papel.
Siempre supe que era un papel.
Vi cuando dibujaron en él la cara de unos niños.
Vi cuando envolvieron el papel y lo dejaron en el piso: parecía un bebé envuelto, un niño muerto.
Era un papel, pero ya nadie miraba un papel.
Lo habían dejado ahí, sobre el cemento, con la gravedad de un cuerpo.
No lloraba, no respiraba, pero cargaba el peso de todos los niños arrancados de su nombre.
Un papel dibujado, un papel abandonado, un papel convertido en tumba.
Después, una bandera de Israel ensangrentada —con pintura— y quemada, quedó al lado de eso que de pronto ya no era un papel: era el cadáver de un niño.
Yo sabía que era un papel.
Sentí la fiebre. Sentí el frío. Sentí la derrota en mi espalda, en mi pecho, en mi cabeza.
Me senté en ese mismo cemento intentando disminuir la distancia entre mi cabeza y el suelo.
Para no perder el equilibrio.
Para no perder la calma.
Era un niño palestino y estaba muerto.
Intenté respirar con calma para devolverle a mi cuerpo la temperatura. Pero mi respiración no lograba continuidad.
Mis manos temblaban sobre el cemento, queriendo tocar, queriendo sostener, queriendo detener lo imposible.
El silencio me atravesaba como una daga, y cada vez que parpadeaba, la imagen del niño seguía allí, intacta, cruel, inevitable.
Lo que quedaba de sol caía en ángulos extraños, iluminando la bandera quemada y el papel que ya no era papel.
Ese papel que nunca fue un papel
Yo seguía allí, sentada, tan consciente de mi cuerpo que no podía responder.
El niño seguía allí, sin nombre, sin tiempo, sin respiración.
El cemento había absorbido su calor, su silencio, su derrota.
Quise levantarlo, pero mi cuerpo se negó, y mi mente se llenó de gritos que no sonaban en ninguna boca.
Entonces entendí: la muerte no espera, no perdona, no se acuerda de nadie, no respeta sus cuerpos pequeños ni sus ojos asustados.
Me sentí vacía, como si hubiera dejado mis entrañas junto a ese papel que no era papel.
El viento levantó un polvo oscuro. Olía a ceniza y a desesperanza.
El servicio público de limpieza se llevó las manchas rojas, pero yo me quedé con ellas en la retina, como si la sangre fuera tinta para escribir mi impotencia.
Cerré los ojos, y en la oscuridad de mis párpados, el niño seguía allí.
Mis ojos querían llorar, pero el llanto había sido robado, como la vida que nunca alcanzó a vivir.
Quedó el silencio, duro, contundente, atravesándome por dentro.
Y allí permanecí, con el niño, con el papel, con la nada.
domingo, septiembre 14, 2025
Ya no traigo flores
Yo ahora intento recordar lo que se supone fue el tiempo más feliz de mi vida y no lo consigo.
El recuerdo se atraviesa con otro recuerdo que llega como un relámpago y borra todo.
Las flores.
El lago.
La promesa.
El hastío…
Ni siquiera recuerdas la fecha.Yo recuerdo que me compré unas plantas en el camino.
Nuestra nueva Rayuela, tan grande y tan linda, la noche llena de bailarines y de fiesta. Todo parecía tan lindo.
¿fue real?
La certeza viene rotunda con un golpe de luz y con ruido.
Es estallido.
—¿Qué vas a hacer, atraerlo a ti con comida gratis?—
Lo sé porque recuerdo la luz exacta de ese momento.
Recuerdo el olor a masa de pizza.
El agua tibia en mi cara, como un pequeño río tembloroso.
Recuerdo que hacía frío.
“Disculpa la torpeza.”
Todo solucionado.
Un mensaje insistente en tu teléfono te deja ahí.
Asunto resuelto.
Pero yo sigo cayendo en ese hueco oscuro de tus acusaciones absurdas, y en la cama, con las luces apagadas, la caída no se acaba.
Una, dos, cien veces, busco los recuerdos de nuestros días más lindos.
Y cuando por fin encuentro uno, irremediablemente lo atraviesa la tristeza.
Pensar en ti o en nuestra vida juntas, ahora sólo me trae tristeza.
Eres un lugar que debo dejar de visitar.
jueves, septiembre 11, 2025
Si tú supieras
martes, septiembre 09, 2025
Eterno retorno
A veces miro el pasado, ese que no hay que mirar. Lo miro un ratito no más, como para no olvidarme de dónde vengo.
Ahí está ella, apenas una imagen borrosa que ya no tiene voz. Una imagen sin risa y, por suerte, sin enojo.
Me habían dicho que todo pasa, que hasta la uva pasa, y yo de verdad no podía entenderlo.
Pero ahí está ella: una sombra confusa, un recuerdo difuso, existiendo solo en ese pasado que no hay que mirar.
jueves, septiembre 04, 2025
About time
Puedo escribir las cosas más tristes de la manera más linda.
Yo sé eso, siempre he sabido eso de mí.
Sé que para sobrevivir a esta vida tuve que encontrar la manera de mirar toda la belleza posible, en cualquier lugar.
Por eso también hago fotos.
Por eso puedo hacer tazas y trenzas de colores.
También en las personas he aprendido a ver lo más hermoso, no por ellas, por mí, para poder sobrevivir a este mundo tan confuso, para no querer irme todo el tiempo.
Por eso cuando me da una señal, yo pienso que es amor, porque a pesar de todas sus formas (hasta para irse), yo sigo eligiendo ver lo más lindo de ella.
Sí, es así, no logro darme cuenta de que para ella es un juego o qué se yo.
Me tiene ahí, intentando crear alguna posibilidad de vida, pero me tiene ahí.
Silba y yo corro hacia a ella.
Ajá, igual que corre la Bosnia cuando la llamo.
Silba y mis ojos la buscan, pero nunca más han vuelto a encontrarla.
martes, septiembre 02, 2025
La flor y la fábula
Se supone que yo tenía que florecer,
se supone que tenía que brillar.
Pero no salen flores ni luces de mí.
Apenas algunas tazas que he aprendido a hacer,
apenas una tulma a medias.
Once meses,
y todo aquí sigue intacto.
Con la diferencia de que las nubes
ya no me hacen llorar,
ni el sol,
ni la lluvia.
Ni las palomas atropelladas.
Será que se me acabaron las lágrimas
cuando te fuiste.
Lo poco que me quedaba de agua salada
se fue con Clarita.
Cla/rita.
Cla/udia.
Cla/udia.
Cla/rita.
No he florecido, amor.
No he brillado, tampoco.
Apenas,
—con todo mi esfuerzo—
he dejado de llorar,
lunes, septiembre 01, 2025
Claro que tienes perro
"Yo no tengo perro"
Claro que tienes, solo que no vive contigo.
Como los hijos que uno lleva consigo, aunque los días y los techos los alejen.
A veces dices cosas que detienen mi tiempo.
Lo alargan,
lo doblan,
lo hacen irreconocible.
"Yo no tengo perro"
Fuimos juntas a buscarla.
La orden fue tuya: "queremos la hembra más feita que tengan".
Me miraste.
Dijiste: "esta bien ¿no ve?".
Dije que sí.
No me importaba si era la más chiquita o la mas fea.
Ahora es la más linda.
El cascabel rosado en su cuello me enamoró ese ratito.
Claro que tienes perro.
Bosnia fue un perro difícil, como muchos de nuestros días.
Le cuesta entender que nadie quiere hacerme daño.
Tiembla y llora cuando subo el tono de mi voz.
Nació con miedo, dicen que es genético, lo heredó de su mamá.
Claro que tienes perro.
Bosnia recuerda que existes, que la miras, eres parte de su mundo aunque en tu mundo no haya espacio para ella.
No te despediste, no volviste.
Pero a ella eso no le importa:
te ve y salta,
se emociona,
te lame.
Te ama sin la memoria del abandono.
Claro que tienes perro.
Tiene cinco años.
Nació el mismo día que tu hija del medio.
Era en abril de un ritmo tibio.
Como el gato: te fuiste sin él.
Pronto fue mío,
Después tuyo de nuevo.
luego nuestro.
Tú tienes un perro, aunque no viva contigo.
Yo tengo un gato, aunque yo no viva con él.

