miércoles, noviembre 04, 2026

Cinco minutos

 

Me doy de frente con un montón de plumas blancas. Me llama la atención que sean blancas porque las palomas aquí son todas negras o plomas. 

Me alivia ver el tamaño de las plumas y un poco la textura, porque son plumas largas y no son tan suaves como las plumas que van pegadas al pecho de las palomas.

Entonces, a pesar de que hay muchas, pareciera que solo ha habido una desplumada y que no se ha muerto ninguna.

Salgo del alivio de las plumas al árbol de kantutas, todo seco. Hace poco había ahí cientos de flores rojas, amarillas y verdes.

Pienso: ¿Le habrá pasado algo al árbol? ¿Habrán cumplido su tiempo las flores?

Después paso entre los perros de la señora del kiosco. Los saludo (uno de esos es hermano de Bosnia).

Saludo a la señora. A veces siento que le caigo mal, porque hace un esfuerzo para responder mi saludo.

Llego a la esquina y absorbo con fuerza lo último de mi cigarro.

Llega el minibús.

Todo empieza otra vez.

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