sábado, junio 20, 2026

Volver

Califico como una persona ciega.

Mis ojos han dejado de ver la hermosura limpia de la vida, ahora todo se ve mojado, borroso.

De pronto el agua de mis ojos desaparece, pero para que eso funcione tengo que estar en mi casa, en mi cama, con la Bosnia.

Ni una palabra se dice...


Veo una peli con una fotografía preciosa, necesaria para poder enfrentar la tristeza de un hombre que acaba de perderlo todo o casi todo.

Pienso, pienso. 

¿Será feliz mi perro?

Casi puedo escuchar  las cosas que están a punto de ser dichas, pero que no se dicen,  siento en mi pecho el golpe del silencio después de no decir nada.

Respiro con la respiración de un hombre que acaba de perderlo todo, un viudo — o casi todo— 

Un hijo. 

No se puede rendir, tiene que resistir. 

Un hijo te obliga.

Dos hijos te obligan.

Me siento viuda.


Mis ojos siguen sin llorar y eso que, por primera vez en días, ahora tienen razones.

Un hombre viudo obligado a resistir, un hombre viudo y su hijo.


El viento mueve un poco la cortina y  la luz cae directo sobre la pluma del loro que recogimos ese día con el niño. La Bosnia, un manto de pelo negro en la mitad de mi cama.

No estoy realmente sola, aunque sí esté. Está el perro, su pelo negro, sus ronquidos.

... No se dice ni una sola palabra. 

Sí, estoy realmente sola.


No puedo hacer cosas, tengo que quedarme quieta aunque sea dos días, para que mis ojos no se vuelvan a mojar por dentro, para que mis ojos  no vuelvan a mirar jamás el brillo que solo ves cuando estás ciego.











No hay comentarios.: