No puedo encontrar los pajaros.
Mis ojos rojos y brillosos.
Rojos por dentro y por fuera.
No me veo triste, me veo golpeada.
Mis ojos parecen golpeados,
por un puño o por un camión.
Todo se ve mojado.
Como en la ducha,
como en el mar con el agua salada y el sol en mis ojos.
Hablo diferente.
Algunas letras se me quedan pegadas.
Hay un músculo que no logro recuperar.
Ya no puedo silbar.
(Ni dar entrevistas.)
Los pájaros responden a los silbidos.
He tenido que aprender a escucharlos con este oído que ahora escucha todo:
Escucha fuerte, no siempre claro.
Pero escucha todo.
Aprendí a encontrarlos,
pero ya no los puedo llamar.
Así es como pasa el tiempo.
Hace algunos meses que casi no puedo verlos.
No puedo mirar la luz de frente.
Mis ojos lloran.
Se desesperan.
Tengo que bajar la mirada
al piso oscuro y profundo.
Llueve.
El piso oscuro, profundo y mojado.
No puede ser para siempre.
¿Cómo más, si no, los voy a encontrar?
De pronto suelto la cámara.
Mi mano ya no puede sostenerla.
Primero tiembla, rapidito.
y suelta cualquier cosa.
Antes podía sostener todo.
Mi paso derecho también es torpe.
Si miro mucho rato el cielo
y el sol me encandila,
podría tropezarme.
Todas las cosas son diferentes.
Se ven diferentes.
Se escuchan diferentes.
Se sienten diferentes.
La parálisis.
y los pájaros que ya no responden.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario